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El valor educativo del castigo (Parte I)

Qué es un castigo y cómo sacarle partido.

Vamos a tratar a través de una serie de artículos el arte de los castigos. En éste primero, reflexionaremos sobre qué es un castigo y cuál es su valor educativo.

 

Educativamente, definímos castigo como todo estímulo aversivo dirigido a alguien con el fin de que disminuya una determinada conducta. Esto significa que el objetivo no debe ser imponer la autoridad del papá o la mama sobre el hijo o dar una muestra de poder. El objetivo del castigo ha de ser siempre el desarrollo positivo del castigado.

El castigo debe ser proporcional, reparador y constructivo. A veces castigamos a un niño de cuatro años por mancharse la ropa comiendo. Tenemos que tener en cuenta, por ejemplo, la edad, la madurez, los gustos, el caracter… de cada persona. O castigamos a un niño que ha roto algo sin postre. Tenemos que aprovechar la oportunidad para que repare el daño causado. O amenazamos con un cachete a quien ha pegado a su hermano, cuando podríamos hacerle reflexionar sobre lo mucho que le quiere con una carta.

 

El castigo debe ser con la cabeza y no con el corazón. Cuántos de nosotros no habremos puesto castigos injustos sólo porque habíamos tenido un mal día en el trabajo o nos dolía la cabeza. Si actuamos desde una situación así, lo más probable es que fallemos. Antes de imponer una sanción conviene tomarse un momento para analizar y relativizar.

 

Si tenemos esto en cuenta podemos enfocar el castigo como una experiencia de crecimiento. Buscarle posibilidades para que esté lo más relacionado con la conducta posible y que el niño lo viva como un aprendizaje, no como una agresión.

 

Para terminar, nunca debemos olvidar que todos somos humanos y metemos la pata, por lo que no es justo castigar, si no reforzamos las conductas positivas en la misma medida.

 

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